domingo, 3 de enero de 2010

Confesiones de un domingo a la noche

Que sí, que no, que sí, que no.
Quiero cambiarlo, me mentalizo para hacerlo y algo externo a mis deseos (pese a que ellos realmente existen y -muchas veces- son idénticos a aquellos que me tientan) me gana, me supera. Otro día será. Sin embargo, esa promesa se transforma en una consecuencia de días. Y ayy! Me enojo ¡cuánto me enojo! No me importa si esto se comprende, si no, si tiene sentido, si no. Nuevamente no hice más que tirar mis pensamientos en un blog.
Por suerte, un buen día con amigas ayuda a esos malestares.
Y ahora, que el tema de mi chocolate vuelve a salir a la luz, siento una especie de bronca. ¿Es necesario sentir que perdimos cosas importantes por la ausencia de un 1/2 chocolate? ¿Es cierto? Creo que sí, y duele. Así que, más vale que el futuro compense estas faltas. LO MERECEMOS AMIGA, ni más ni menos (bueno, puede que un poquito más sí, je!).

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